martes, 17 de agosto de 2010

La suerte puta de Cinderella

Miró con disimulo el reloj del salón por sobre el hombro de su ocasional compañero de baile. Sonaban los lentos de los años ochenta, cuando abrazada a su cuerpo marcado trabajado con la misma dedicación que un escultor renacentista talla sus obras, supo que no compartirían en sus vidas más que ese instante y se angustió.


La noche había pasado tan rápido que el nuevo día era inminente. Pensó en hacer trampa para burlar el hechizo pero no contaba con el ingenio ni con el tiempo suficiente para idear un efectivo Plan B.


Tenía 180 segundos en su haber para cautivar hasta el frenesí y las promesas de amor eterno, al instruido universitario más codiciado de Zona Norte. Avergonzada por su íntima intención, le sonrió y bajó la mirada.


Ahora, era el turno de los americanos y la pista se minó de jóvenes modelos último modelo, que apuntaban a un blanco móvil y ninguna estaba dispuesta a fallar.


El celular comenzó a vibrar en su cartera recordándole que era la hora de volver a ser quien era. - “Debo irme”, se apuró por decirle antes de vestir harapos. Maldijo su inoportuna buena suerte; buscó la salida de emergencia y se quitó las plataformas plateadas de la última colección Primavera- Verano para huir rápido hasta perderse entre la gente.


El Príncipe confundido y con el ego astillado corrió tras ella, con un ademán ordenó a su comitiva de seguridad, trabar las puertas del salón. Exigía una explicación racional, ninguna mujer había resistido a sus encantos ni a virtudes materiales, no acostumbraba amanecer en soledad y no permitiría que esta fuera la primer amarga ocasión.


El Renault 12 celeste conducido por el viejo Enano Gruñón, que trabajaba como remisero los fines de semana, la esperaba en la calle trasera tal como lo acordó con el Hada Madrina al momento de firmar el contrato de servicios eventuales. Cinderella había logrado escapar.


Los agentes de seguridad no encontraron más que un par de Havaianas playeras en la pista de baile. El Príncipe comprendió que se habían vulnerado las restricciones del evento, ingresando gente que no pertenecía al Jet Set con intenciones de realizar un fallido secuestro extorsivo. El descuido por parte de sus asistentes era inadmisible y susceptible de sanciones laborales. Estaba tan exaltado que ya se había olvidado de la chica que buscaba cinco minutos atrás.


El lunes siguiente, el Príncipe dio móviles para todos y cada uno de los programas de televisión hablando del difícil momento que había vivido y que la inseguridad no es una sensación sino un hecho. Cinderella lo eliminó del Facebook por escandaloso, no quería volver a verlo jamás.


3 comentarios:

Roberto Fernández Morán dijo...

Jajajajaaja!!!!

emapujalka dijo...

La Havaiana, de que color era???

Anónimo dijo...

La Havaiana era del color que vos prefieras, Emanuel.